Etiquetas

Denunciar abuso

Ir al contenido principal

La Eucaristía: El Corazón Vivo de Cristo


En un día de profunda significación para la comunidad educativa del Colegio del Huerto, en honor a su Patrona, la Santísima Virgen, el Padre Gabriel Acevedo ofreció una homilía que tocó las fibras más íntimas del espíritu, centrada en el "misterio inmenso de la Eucaristía" y su poder transformador. Su mensaje, impregnado de fe y esperanza, resonó como un llamado a vivir la plenitud de la vida en Cristo.

El Padre Gabriel comenzó desvelando la esencia misma de la Eucaristía: no es un mero símbolo, sino la "Presencia viva del Resucitado en medio de nosotros", en su "cuerpo, sangre, alma y divinidad; es decir, el Cristo total". Es el "mismo Jesús" que anduvo por Galilea, sanó a los enfermos, resucitó a los muertos y compartió sus enseñanzas transformadoras en el evangelio, quien "se hace presente en el altar" cada vez que se celebra la misa. De manera "especialísima", esta presencia se actualiza cuando la comunidad se reúne "domingo a domingo para celebrar el misterio de la Pascua del Señor", recordando y haciendo presente su muerte, resurrección y ascensión al cielo.

Esta presencia no es pasiva, sino un acto de amor supremo. La Eucaristía es descrita como la "fuente y el manantial de donde se derrama la vida divina" que Jesús anhela compartir con nosotros: "la gracia". Esta gracia es el don inestimable que nos otorga el "poder y el coraje para vencer la tentación" y nos "encamina seriamente hacia la perfecta felicidad", que reside en permanecer unidos a Él "pasito a paso" en el camino hacia la eternidad. Es la gracia la que "nos santifica, nos perfecciona" y nos "va transformando para ser cada vez más "Cristos" aquí en la tierra".

El Padre Acevedo enfatizó que este encuentro con Jesús en la Eucaristía es una "oportunidad maravillosa para dejarnos llenar por su vida de Dios", por esa "vida nueva que nos hace hombres y mujeres nuevos para la eternidad". Es en esta intimidad donde Jesús nos "va transformando despacito, despacito", para que un día podamos llegar a ser "habitantes del cielo, habitantes de la eternidad, infinitos como Él", en una "unión definitiva y la felicidad eterna". Nuestro "cielo" personal, el Padre nos recordó, "se construye aquí, en el "tú a tú" con Jesús, domingo a domingo, comiéndolo en el misterio de la Eucaristía", pues esa acción salvadora es la que "nos llena de la gracia de Dios" y "obra nuestra transformación".

Conmovido, el Padre Gabriel nos recordó que "Jesús, el Hijo de María, es el único que puede llenar nuestro corazón", el "único que nos planifica la vida" y el "único que trae la verdadera felicidad". "Es nuestro Dios y Redentor, la respuesta a las ansias más profundas del alma.

Por ello, el llamado fue claro y urgente: "no perdamos el tiempo, no dejemos pasar el tiempo", porque es un don maravilloso, la "oportunidad de encontrarnos cada día y a cada instante con Jesús" y de "dejarnos llenar por esa vida que Él quiere compartir". Finalizó su mensaje invitando a toda la comunidad a acogerse a la intercesión de la Santísima Virgen María, Madre del Redentor, pidiéndole que nos tome de la mano o que nos aferremos a su manto para que ella nos lleve a su Hijo, el *"único Salvador". Nos recordó las palabras de María: "Hagan lo que él les diga, porque él es el que salva".

Que en este encuentro con el Salvador en el misterio de su preciosa presencia en el altar, en la Eucaristía, cada miembro de la comunidad educativa del Colegio del Huerto "sea transformado en un verdadero hijo de Dios", y así pueda "alcanzar la felicidad eterna prometida". ¡Ánimo y fuerza! Que así sea.

Comentarios